Un pueblo que no tiene memoria, no tiene futuro. Son palabras del papa Francisco. Y en este sentido podemos decir que Las Navas y su parroquia son un pueblo con una historia y con una memoria muy rica en acontecimientos y en tradiciones. Un pueblo que no tiene memoria, no tiene futuro. Sabiendo de dónde venimos, tendremos más claro hacia dónde caminar. Y por eso, desde la parroquia, uno de los empeños es profundizar en esa historia, hacer actual esa memoria, para sabiendo de dónde venimos poder caminar con mayor determinación. Si nos comparásemos con un árbol, podríamos decir que tenemos que conocer dónde se hunden nuestras raíces, para que nuestras ramas, a la vez que se extiendan buscando el cielo, sean cobijo y produzcan fruto.
Y al hacer ese ejercicio, al profundizar, nos daremos cuenta de que esas raíces se han alimentado de un misterio, del misterio de Cristo, que está en el cielo sentado a la derecha del Padre, pero también en el rostro de los hermanos. En muchos lugares, que, a lo largo de su historia, se han acogido a la protección de los Santos -los Amigos de Dios-, otros lo han hecho bajo el cuidado tierno y cariñoso de María, aquella que nos fue dada por madre al pie de la cruz; y en otros se han acogido al mismo Cristo, a aquel que ha subido al gran árbol de la cruz y ha extendido sus brazos entre el cielo y la tierra; aquel que con su sangre ha derribado los muros que nos separan y ha querido hacer un pueblo de hermanos. Y este es el caso de Las Navas. Un pueblo que siempre, y en especial en los malos momentos, ha vuelto su mirada a Cristo. Lo hizo de una forma especial en 1918 con el Cristo de la Salud, cuando nos asoló la llamada “gripe española”. Lo ha hecho y lo sigue haciendo con el Cristo de Gracia. Y en este sentido, hay un antiguo grabado del año 1700, en el que podemos contemplar, rodeando la imagen del Cristo, una serie de cartelas en las que se nos narran algunos de sus favores. Y lo sigue haciendo al recoger tantas oraciones, peticiones y acciones de gracias en su ermita. Pero hay una tercera advocación de Cristo que fue venerada en Las Navas y que, tras su destrucción en 1936, no se recuperó. Algunos de los más mayores la recuerdan. Se trata del Cristo de la Sangre, cuya pequeña ermita estaba situada junto al muro Este de la Parroquia. Esa advocación del Cristo de la Sangre surgió con un fin: el de atender “las necesidades de los pobres transeúntes”, es decir, una especie de Cáritas para atender a mendigos. Ciertamente un fin muy hermoso y muy evangélico, por ser una verdadera encarnación del capítulo 25 de san Mateo.
Las Navas ha sido un pueblo que se ha acogido bajo los brazos y la mirada de Cristo, por eso, en esta hora de la historia, queremos recuperar la advocación del Cristo de la Sangre; hacerlo con mucha sencillez y también con los mismos fines para los que nació: ayudar a los pobres transeúntes, ayudar a los que estén pasando por alguna necesidad.
Estas notas están extraídas de una serie de legajos y documentos que se guardan en el archivo, sobre todo del legajo 2º en el folio 298, del año1867, que comienza diciendo así: Memoria de lo que fue y ha sido la Capilla del Santísimo Cristo de la Sangre, que se venera en esta Villa de Las Navas, extramuros de la población e inmediata a la Parroquia de nuestro patrón San Juan Bautista, cuyos detalles se han podido recoger de las personas de más edad que en el día existen.
Una vez examinados estos documentos, lo primero que habría que decir es que no está claro su origen; no sabemos exactamente el momento de construcción de la capilla y la colocación de la imagen; pero lo que sí sabemos es que ya a principios del siglo XVIII, existía y, como hemos dicho, estaba destinada a “la hospitalidad de los pobres transeúntes”. Por esos tiempos, la imagen del Cristo de la Sangre ya estaba colocaba en la capilla “sin más magnificencia que una pequeña reja de madera y con una lamparita colgada en la que los fieles echaban el aceite para dar culto a la imagen del Crucificado”. Se dice que el edificio era “raquítico” en su forma y que casi nadie acudía a su cuidado, por lo que, poco a poco, comenzó a deteriorarse hasta el punto de quedar a principios del siglo XIX, prácticamente en la ruina. Dado el estado de la pequeña capilla se decidió trasladar la imagen a la Parroquia siendo colocada en el “segundo trono del altar de san Antonio de Padua”.
Y así pasaron los años hasta que en 1826 comenzó la reconstrucción de la ermita, a expensas del matrimonio formado por Santiago Segovia y María Pablo. Debían ser grandes devotos del Cristo de la Sangre y con su esfuerzo consiguieron que el cuarto domingo de mayo del año siguiente, se bendijera, fuese colocada de nuevo la imagen y se abriera al culto para todos los fieles. Quedándose además ellos encargados y después sus hijos, de continuar velando por el estado de la ermita y el cuidado de la imagen del Cristo. Pero, ignoramos la razón, poco a poco, con el paso de los años, una vez más la ermita comenzó a deteriorarse, siendo declarada ruinosa el 22 de octubre de 1866, por lo que de nuevo la imagen fue trasladada a la Parroquia y se procedió al derribo del edificio, por “la cuenta y pago” de Anastasio Correal y Paula de Segovia, Agapito de Segovia y María Nieves García, hijos de los Segovia de aquellos primeros fundadores de los que hemos hablado más arriba.
Todos estos la reedificaron desde los cimientos, dándola una mayor altura y longitud, y lo hicieron, como está recogido, “sin ayuda de vecino alguno ni de la corporación”, haciéndola suya “como cosa propia” y obligándose a mantener tanto el edificio como el culto para “excitar la devoción de los demás”.
Una vez finalizadas las obras, se trasladó la imagen del Cristo, inaugurándose solemnemente el día 21 de octubre de 1867. Para tal ocasión el Sr. Obispo de Ávila Fr. Fernando Blanco, encargó la ceremonia a D. Antonio, cura de Valdemaqueda y agregado a esta Parroquia; asistiendo a ella el párroco D. Francisco Santos García, y su coadjutor D. Juan Cuadrado, D. Lino Sánchez, encargado de la Parroquia y D. Pedro Gil, capellán de los Duques de Medinaceli, casa a la cual pertenece el Marquesado de Las Navas. Al acto de bendición también asistió el Ayuntamiento presidido por D. Luciano Bernaldo de Quirós y un gran número de fieles.
Ese mismo día tuvo lugar también la bendición de la capilla de la Purísima Concepción, porque según parece, había sido profanada durante las obras del ferrocarril.
Una vez colocadas las imágenes en ambas capillas, se finalizó el acto cantando el Te Deum de acción de gracias en la del Cristo de la Sangre, celebrándose por primera vez la Eucaristía al día siguiente.
En el acta podemos leer que el altar que se colocó en la capilla se hallaba en el convento de San Pablo y Santo Domingo y pertenecía a Santo Tomás de Aquino.
Y así, con la imagen del Crucificado en la que era su casa, continuó el transcurso de los años, hasta que en aquellos tiempos tan dolorosos de nuestra historia, en concreto en el año 1936, fue destruida la imagen y arrasado el lugar. Los más mayores no solo recuerdan las ruinas, sino también, algunos, pocos, se acuerdan hasta de la imagen. Imagen que podemos contemplar en una antigua medalla en el libro El tiempo detenido, de Pedro Antonio Manzanero y Tomás García Yebra.
El 29 de agosto de 2025, fiesta del martirio de san Juan Bautista, se ha celebrado la bendición de la nueva imagen del Cristo de la Sangre, donada por una persona del pueblo, a quien agradecemos su generosidad. La talla actual ha sido realizada en los talleres de Artemartinez, en Horche (Guadalajara). Tras este acto, ha quedado expuesta para la publica veneración en el templo parroquial
Si nos fijamos con atención, podemos descubrir que la iconografía del nuevo Cristo, se sitúa entre el Crucificado y el Resucitado, entre el viernes santo y el domingo de Pascua, en el misterio del sábado santo. En ese momento en el que, como precisamente leemos en el Oficio de ese día, un gran silencio envuelve la tierra porque el Rey duerme. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo. Ese momento en el que, el Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, va a buscar a los que yacen en tinieblas y en sombra de muerte, a nuestros primeros padres, y en diálogo con Adán, le dice: despierta, tú que duermes, pues no te cree para que para que permanezcas caído en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, y salgamos de aquí, porque tú en mí y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona. Y continúa diciendo: Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado. Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido. Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso. Levántate, salgamos de aquí.
Decía el papa Benedicto que el misterio del sábado santo es una especie de tierra de nadie, una tierra entre la muerte y la resurrección, pero en esa tierra de nadie ha entrado Uno que la ha recorrido con los signos de su pasión por el hombre. Passio Christi, passio hominis. De alguna manera, la imagen del Cristo de la Sangre representa ese momento único e irrepetible en la historia de la humanidad y del universo, en el que Dios, en Jesucristo, comparte nuestro morir, nuestras heridas, nuestras soledades, nuestros silencios, nuestras oscuridades, nuestros miedos, nuestro sentirnos abandonados o traicionados…; y todo para sacarnos de esa tierra de nadie y llevarnos al país de los vivos, para que andemos en vida nueva.
La imagen del Cristo de la Sangre nos dice que, gracias al paso del Hijo de Dios por la oscuridad de la muerte, ha surgido la luz de una nueva esperanza: la luz de la resurrección. Y eso es lo que tenemos que ver en esta imagen: la victoria sobre el pecado (serpiente atravesada por el árbol de la cruz, porque el que venció en un árbol en un árbol ha sido vencido), y sobre la muerte (calavera pisada por Cristo). Ese rostro, esas manos y esos pies, ese costado, esos hombros y esa espalda que han cargado con la cruz, llenas de sangre, nos hablan de vida, nos hablan de amor. Una vida y un amor en los que estamos llamados a vivir; una vida y un amor que tenemos que compartir viviendo el misterio de la caridad con los que hoy viven abrazados a la cruz, con los que hoy viven en el silencio del sábado santo, esperando una luz que los abra a la esperanza de una vida nueva.
Las Navas ha sido un pueblo que siempre se ha acogido bajo los brazos y la mirada de Cristo: sigamos el camino de nuestros antepasados, de todos esos que con su empeño, no sin dificultades, han ido construyendo la historia de nuestro pueblo y de nuestra parroquia. Valoremos todo lo bueno que nos han dejado, ¡tanto!; y sigamos caminando por el camino que nos han abierto, ese camino que nos llevará a contemplar un día, cara a cara, a aquel que ha extendido sus brazos en la cruz para darnos su gracia, para alcanzarnos la salud, la salvación; aquel que ha derramado su sangre para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.
Tallada en Artemartinez, en Horche (Guadalajara)
Espalda herida que cargó con la cruz, signo de un amor que vence al pecado y a la muerte.
El 29 de agosto de 2025, bendición de la nueva imagen
Tras la bención, ha quedado expuesta para la publica veneración en el templo parroquial
El 14 de Septiembre, se realizó vísperas y Procesión
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