Aunque el Dios del cielo no necesita una casa en la que vivir, nosotros sí necesitamos de esa casa, lugares en los que sabemos que Él nos espera, de una manera tan especial como es en el pan de la Eucaristía, el mayor tesoro que tiene la Iglesia.
La remodelación de la Capilla del Sagrario y de la Virgen de la Paz, tuvo lugar al cumplirse los 75 años de su construcción (1946). En ella, se colocó un retablo realizado en los talleres de Arte Martínez, en Horche (Guadalajara). El retablo consta de dos ejes; uno vertical, en el que contemplamos a la Santísima Trinidad.
Igualmente, vemos dos columnas, podían hacer sido pilastras, podía sido una simple decoración, pero son columnas por una razón, porque representan a esos dos pilares que sostienen la Iglesia: la Escritura y la Tradición.
Y todo eso, para enmarcar el tesoro más grande que tiene la Iglesia: La Eucaristía. En el corazón de la Iglesia está la Eucaristía, ese sacramento admirable que el Señor instituyó la noche de su entrega, como está representado en la puerta. A ambos los lados del sagrario, conformando el eje horizontal, dos imágenes, dos figuras que desde los primeros siglos han representado el misterio de la Eucaristía: el Cordero Pascual, según la imagen del Apocalipsis, y que nos habla de ese banquete del que un día podremos participar para siempre: "dichosos los invitados al banquete de las bodas del Cordero". y El pelícano, el cual es un símbolo del sacrificio de Cristo, que nos da a comer su cuerpo y su sangre para que tengamos vida. Señor Jesús, Pelícano piadoso, danos a comer tu carne, límpianos con tu sangre.
Y a los pies del retablo, la mesa del altar, la mesa del sacrificio que tiene como elemento decorativo, el crismón. Junto al retablo, podemos ver un ambón. Acogiendo la propuesta del Papa Francisco al instituir el Domingo de la Palabra de Dios, en este lugar está expuesto el Evangeliario que contiene la Palabra, ese primer alimento que recibimos en la celebración de la Eucaristía.
Y frente a toda la obra, está la Virgen de la Paz. María es la mujer que contempla, que adora, es la mujer eucarística, la que nos ha dado al Pan de la vida. Ella es la hija del Padre, la madre del Hijo y la esposa del Espíritu. A su Hijo y a ella podemos acudir con toda confianza en esta capilla, que es el corazón de la Parroquia.
Sobre esta advocación, hay que decir que hunde sus raíces en el siglo XVII. Por aquel tiempo, el tercer marqués de Las Navas, Pedro Dávila y Enríquez, con su esposa, Juana Manrique, viendo las desavenencias surgidas entre algunas de las cofradías que existían en la Parroquia, solicitaron al Obispado de Ávila y al Consejo de Estado, por medio de Andrés Alfonso Pérez las diligencias pertinentes para crear una nueva, que incluyera a todas las que estaban en litigio. Y así, el 6 de mayo de 1600, consiguieron la aprobación para la fusión de las cofradías de la Soledad, Concepción, Cera, de los Pelaires y del Rosario, en una que se vino en llamar “de Nuestra Señora de la Paz”. A esta nueva cofradía, el Papa concedió el privilegio del Jubileo, para los hermanos que comulgaran el primer día del año. Actualmente su fiesta se celebra el domingo más cercano al 24 de enero, que coincide con la advocación de la Virgen de la Paz.
Al Padre que crea y que bendice esta obra de sus manos que es este mundo y cada uno de nosotros.
Al Hijo Resucitado, que ha roto las puertas de la muerte y nos espera para acogernos con los brazos abiertos, y que nos dice: “Venid a mí”.
El Espíritu Santo que, desde Pentecostés, sigue aleteando sobre la Iglesia y la anima a la misión.
La Eucaristía se guarda en el sagrario, tiene forma de templo.
El Cordero Pascual, sentado sobre el Libro de los Siete Sellos
El pelícano,"mientras la serpiente mata a sus propias crías, el pelicano se lastima el pecho hasta sangrar, haciendo caer la sangre sobre sus pequeños que, de esta manera, vuelven a la vida".
El crismón, el nombre de Cristo, Señor del tiempo y de la historia, y también signo representativo de nuestra Diócesis de Ávila.
Ambón, destinado a la Palabra de Dios.
La Virgen de la Paz, patrona de nuestro pueblo
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